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Las encuestas no reemplazan el liderazgo

Entorno Estrategia

Por: Ricardo Julio Jaén. (*)

Como escriben en su libro “El Poder”, Dick Morris y Luis Rosales,” a medida de que la democracia fue consolidando posiciones, la clase política se fue transformando en adicta a los estudios de opinión pública, que curiosamente como sostiene Henry Kissinger en su libro “Mis Memorias”, un político que gobierna por encuestas fracasará porque perderá control de los acontecimientos. Pero quien las ignore perderá su mandato”.

Hoy en la Argentina, en vísperas de una nueva elección presidencial, dicha cita adquiere la validez de todo un análisis.

Los candidatos parecen haber encontrado definitivamente en ellas una suerte de “muleta” que le permite creer saber, casi con seguridad, donde están ubicados con respecto a lo que piensa su electorado sobre tal o cual tema convirtiéndolos casi en oportunistas políticos, dejando cada vez mas de lado sus propias ideas e intuiciones, olvidándose en el camino para que querían llegar a la meta.

Pero además estos estudios se han convertido en muchos casos en publicidad paga cuando se mide intención de voto, imagen o conocimiento y “debidamente retocadas” son difundidas en los medios de comunicación con la idea de instalar al candidato en cuestión en una posición dominante.

Tanto se ha abusado de esta técnica que posiblemente los efectos que hoy tengan sobre la masa de votantes sean muy relativos, ya que al ciudadano promedio se le hace muy difícil identificar los trabajos serios de la publicidad encubierta y por lo tanto duda de todos ellos.



 

La idea propiciada por ciertos consultores políticos que convierten a los votantes en consumidores y como tales sujetos a la influencia de las técnicas de mercado, ha ganado mucho espacio entre nuestros políticos, que ven en ella una forma tecnocrática y casi científica para acceder a sus objetivos, convirtiéndolos cada día más en “productos de diseño”, tanto en su imagen, discurso, muletillas, frecuencia de aparición en medios o conveniencia de emitir opinión.

Atrás quedaron el valor de los principios y su sostenimiento en el tiempo en el discurso político, la audacia de enfrentar opiniones generalizadas, buscando cambiar el escenario, tratando de generar nuevas miradas en la sociedad, todo ello parece haber pasado a la pre historia de la política.

También parece cierto que toda esta nueva forma de “hacer política” nos ha llevado como sociedad a una suerte de resignación donde un gran porcentaje del voto se decide por quién mejor nos garantice no estar peor.

Nos hemos vuelto, a fuerza de necesidad de subsistencia, en una sociedad conservadora, no de la prosperidad y el progreso social, sino de no seguir retrocediendo.

Se perdió la educación pública, hoy único refugio de los que no pueden pagar, se perdió el acceso a la vivienda sobre la base del ahorro y del crédito hipotecario, se perdió la calle y los espacios públicos en manos de la inseguridad, se perdió la credibilidad en el estado como consecuencia de políticas que en nombre de su fortalecimiento lo desmantelaron, sin embargo aún los “restos” de lo que nos queda, parecería que nos alcanzaría para seguir.

Si como vulgarmente se dice: la democracia es alternancia y cambio, deberíamos como sociedad tener opciones como para poder practicarlas pero difícilmente lo consigamos si no vuelven a la política la pasión, los ideales, las convicciones que sean capaces de despertar emociones que nos liberen de conservar lo que ya no sirve.

(*) Analista Político socio de Entorno Estrategia. Ha realizado consultoría para: Centro de Estudios Nueva Mayoría, Consejo Argentino de Relaciones Internacionales, Unión Iberoamericana de Colegios de Abogados, Presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, PNUD, BIRF, ONU.

 

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