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Entorno Estrategia

Migración e hipótesis de conflicto regional

Entorno Estrategia - Opinión Pública

 

Por Ricardo Jaen

Hace más de cinco años, la mayoría de los países centrales reformularon sus hipótesis de conflicto agregando algunas nuevas producto de realidades que se habían vuelto acuciantes como las reservas de agua dulce, los desastres ecológicos, las consecuencias del cambio climático y las olas inmigratorias.

Precisamente esta última es también en el plano interno de una sociedad una de las más importantes hipótesis de conflicto social en general no previstas por los países de nuestra región.

La pobreza, la falta de trabajo, el acceso a la tierra o la persecución por ideas políticas o religiosas han sido históricamente los vectores que empujaron los procesos migratorios que generaron en los siglos XIX y XX,  los más importantes procesos de cambio político y crecimiento económico en vastas regiones del mundo.

La República Argentina es ciertamente parte de esa historia y no casualmente existe el dicho popular en América latina que “los Argentinos descienden de los barcos”.

 

 

Hoy en buena parte del planeta asistimos a la repetición de este fenómeno bajo variantes distintas: ya no se trata de llegar a la tierra de las oportunidades sino a las ciudades de las oportunidades, para intentar vivir dramáticamente de “sus sobras” tanto en trabajo, alimento y servicios (esto incluye algo importantísimo como la salud y la educación) a cambio de tener una esperanza de futuro.

En nuestra región, la Capital Federal y el conurbano son sin lugar a dudas, dos grandes polos de atracción para miles de personas provenientes de nuestras provincias más pobres, de Bolivia, Paraguay, Perú, Chile y Uruguay, armando un verdadero “coctel” del Mercosur ampliado, con una constante en común: la gran mayoría son personas dignas empujadas por el legítimo derecho de sobrevivir.

Claro está que la primera consecuencia de estas irrupciones, ante la ausencia de políticas locales contenedoras y orientadoras, se convierten en anárquicas y generan fuertes tensiones sociales con la población local, que se siente literalmente “invadida”, volviéndose temerosa de un fenómeno que observan descontrolado y al cual consideran, no sin falta de razón, que afectará sus propias oportunidades, su calidad de vida y hoy un valor tan preciado como escaso, su seguridad.

Los recientes sucesos de dominio público en la ciudad de Buenos Aires le han dado visibilidad al menos a dos hechos:

a) La inexistencia de una política migratoria acorde a las nuevas características del fenómeno.

b) La debilidad del Estado

El primero viene de lejos, no es solo responsabilidad de esta administración, quizás nos deberíamos remontar a los primeros años de la década del ochenta.

La Argentina por historia y convicción ética no debe cerrar sus puertas a la inmigración pero si debe controlarla y desarrollar una política que procure con instrumentos reales (esto es asignación presupuestaria) una integración natural y armónica de complementación, atenta a las posibilidades que tiene para ofrecer, direccionando el proceso para que no desemboque en enfrentamientos entre pobres y en repudiables discursos racistas y xenófobos.

El segundo punto, la debilidad del estado, está referido a que no cuenta con la asignación de recursos necesarios para un plan nacional de viviendas acorde a la envergadura del desafío, no existe el suficiente apoyo a las provincias más pobres para subsidiar trabajo y vivienda para desalentar la inmigración y tampoco cuenta con los recursos tecnológicos y humanos para una correcta administración de sus fronteras, que puedan separar “ la paja del trigo” que estos procesos con llevan, ya que todos sabemos que “colgados” a las necesidades legítimas del inmigrante, suele esconderse el narcotráfico y su política de extensión territorial para construir en los asentamientos más precarios “estados paralelos”, proceso que hemos visto desarrollarse sistemáticamente en países hermanos de América Latina.

Las palabras del Presidente de Bolivia, Evo Morales, llamando a sus conciudadanos a respetar la ley y el espacio público del país que le da residencia, tienen un gran valor, porque demuestra que este es un problema de todos y todos tenemos responsabilidades a la que debemos hacer frente: la Nación, la Provincia de Buenos Aires, la ciudad Autónoma de Buenos Aires, Bolivia, Paraguay y el resto de los países de la región que se encuentran englobados en este proceso.

Debiéramos empezar ya a trabajar una política de estado a nivel regional y paralelamente darnos marcos comunes con acuerdo multipartidario, para diseñar una verdadera política de contención y asistencia migratoria, mientras comenzamos a pensar que y donde debemos desarrollar para evitar a la gente su peor sufrimiento que es abandonar su lugar de origen no por propia decisión sino por una acuciante necesidad en que le va la vida.

 

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